CARLOTA O'NEILL, UNA AUTORA SILENCIADA



Carlota O’Neill nació en Madrid el 27 de marzo de 1905 y murió en Caracas el 20 de junio del 2000 albergando un profundo sentimiento de desarraigo y casi odio hacia España. Su hija, Carlota Leret (Lottie), cuenta que su madre solía decirle que sintió a España como una madrastra y, como veremos a continuación, razones no le faltaban.

Fue una niña que nació del matrimonio entre Enrique O’Neill, un diplomático mexicano, y Regina Lamo, una escritora, pianista y sindicalista española. Su infancia se sucedió en el panorama burgués y social madrileño, donde la gente de cultura visitaba a sus padres y donde ella aprendió y se forjó como mujer e intelectual. En los años veinte, junto con la generación del 27, ella comienza a escribir novelas –como las novelas románticas Pigmalión (1926) y ¡No tenéis corazón! (1924)– y reportajes en los periódicos. Además, enseguida se asoció, por su conciencia social y política, al partido comunista. Formó parte de la generación de mujeres republicanas progresistas, aunque a ella aún no se la haya reconocido como una figura de prestigio entre las republicanas que sufrieron las consecuencias de la pérdida de la Guerra Civil.

En esa época se casa con Virgilio Leret, inventor y capitán en el ejército republicano, que fue ejecutado por los sublevados el mismo día del levantamiento. Su matrimonio fue un acuerdo para proteger a sus dos hijas, pues ambos, progresistas, creían en el amor libre y eso implicaba la no necesidad de casarse; no obstante, por la insistencia de las familias terminaron contrayendo matrimonio. Tras esto, comenzó a formar parte activa de los movimientos del partido y participó, como hizo Lorca con La Barraca, en el teatro proletario, concretamente en el teatro Nosotros que trataba de culturizar a los obreros y a las clases más bajas de la población. Asimismo, cobró importancia como una figura destacada en el periódico cultural La libertad y la linterna.

Pocos años más tarde, el 17 de julio de 1936, se produjo el que seguramente fue uno de los episodios más traumáticos de su vida. El levantamiento del ejército contra la República se sucedió mientras se encontraba toda la familia en la base militar de Melilla de vacaciones, pues Virgilio había sido destacado a ese lugar y Carlota y las niñas decidieron seguirle para pasar un verano en el mar. Por aquel entonces, Virgilio era jefe de las fuerzas aéreas de la zona oriental de Marruecos y de la base de hidroaviones del Atalayón, lo que le costó la inmediata ejecución, como ya he mencionado antes, en el levantamiento. Por su parte, Carlota, al ver el panorama y que no podía hacer nada salvo esperar en su habitación con las niñas, comenzó a escribir la primera crónica de la Guerra Civil, lo que supuso, junto con su condición de esposa del capitán Leret, la detención inmediata y un consejo de guerra que se celebró el 22 de julio de 1936. Por esta crónica se la clasificó como extremadamente peligrosa para el régimen y, pese a que su caso fue sobreseído por un tribunal, el consejo de guerra la condenó a seis años de cárcel en el Fuerte de Victoria Grande en Melilla. Además, mientras se encuentra en la cárcel, su suegro, el coronel franquista Carlos Leret Úbeda, la tacha de extremista y la acusa de influir en su hijo hasta llevarle a ser asesinado. Además, consigue quitarle la patria potestad de sus nietas y se las lleva de Melilla para internarlas en un colegio de huérfanas de militares. Al conocer esta noticia, Carlota sufrió un shock que le llevó a acusar al régimen de asesino y de haberle quitado a sus hijas, lo que le llevó a otro consejo de guerra en 1940 que, bajo el nombre de Tribunal de Responsabilidades Políticas, le condenó por arenga a la anarquía a cinco años de inhabilitación para desarrollar cargos públicos, maestra era el trabajo más común para las mujeres durante el régimen, tras su salida de la cárcel.

El régimen supuso la ruina personal y profesional de Carlota. A su salida de la cárcel se muda a Barcelona con sus hijas, a las que consigue recuperar en parte –su patria potestad sigue suspendida–, y gracias a los contactos de su hermana consigue publicar algunos libros bajo el pseudónimo de Laura de Noves, como El amor imposible de Gustavo Adolfo Bécquer (1942) o Esposa fugitiva (1943). Sin embargo, decidió exiliarse tras la consolidación del régimen, al terminar la Segunda Guerra Mundial, y la muerte de su madre.

En este viaje al exilio, arribó primero en Venezuela en 1949, donde comenzó a trabajar como periodista y escritora al poco de su llegada. Llegó incluso a adaptar obras teatrales para la radio y a participar en programas de televisión; además, comenzó a trabajar en la reescritura de los poemas que compuso en la cárcel y que se publicarían años más tarde, ya en México, con el título de Romanzas de las rejas. En 1953 decide trasladarse a México, donde fue automáticamente nacionalizada por ser su padre mexicano. Ahí escribe y publica muchas obras, como ¿Qué sabe usted de Safo?: amó a las mujeres y a los hombres (1960), “Amor”: diario de una desintoxicación (1963) y la que será su única obra reeditada en la actualidad y quizá la más importante de su carrera: Una mexicana en la guerra de España (1964) que será reeditada en 1979 como Una mujer en la guerra de España y es la obra que vamos a analizar en la próxima entrada. 


BIBLIOGRAFÍA
O'NEILL, Carlota, Una mujer en la guerra de España, OBERON. Grupo ANAYA, Madrid, 2006
DE LA FUENTE, Inmaculada, "La memoria dolorida de Carlota O'Neill", El País Digital, 12 de diciembre de 2004. [Consulta: 29/4/2019]
Documental: El exilio de Carlota O'Neill, Canal Uned, Link de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=5QoTrHsUijY

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