ANA MARÍA MATUTE, UNA ESCRITORA PROLÍRIFA (II)

ANA MARÍA MATUTE, UNA ESCRITORA PROLÍRIFA (II)
            Retomamos la producción de Ana María Matute aludiendo a las dos últimas obras que completan ese círculo creativo de los años 60. La primera obra a mencionar es Primera memoria (1960), que «nos cuenta una historia centrada también en la guerra civil, pero, en este caso, en la retaguardia de la misma, la isla de Mallorca, y desde la perspectiva de una niña en su paso a la adolescencia»[1].
            De nuevo, aparece el motivo vertebral de la narrativa de Matute: la guerra desde los ojos de la infancia. Como en la mayoría de sus cuentos, se relata la pérdida de esa niñez, la guerra como esa injusta traición que hace madurar prematuramente a los niños, en este caso, a nuestra protagonista María.
            A lo largo de la narración, el lector advierte cómo el ritmo acelera, los capítulos se reducen y el relato se agolpa y condensa. El tiempo de la novela (seis meses, de verano a invierno) revela un sentido metafórico: «de la calurosa inocencia de la infancia al helado conocimiento de la edad adulta»[2].
            Por último, decir que Ana María Matute concede a sus narradores una forma de contar fragmentaria que contribuye a mantener con habilidad el suspense argumental. De hecho, siguiendo la línea de Primera memoria, continúa sus dos novelas siguientes, Los soldados lloran de noche y La trampa, con personajes infantiles de voces confusas y poco informadas que no son sino los propios recuerdos de la autora.
            Me parece también destacable el hecho de que la autora recurra a lo largo de la historia «a citas y referencias de cuentos infantiles, sobre todo a Peter Pan»[3], ya que es la fábula del miedo a crecer y entrar en el mundo de las responsabilidades.
            La última novela que pretendo comentar es, como ya anuncié, Algunos muchachos. Publicada en 1968, es un ejemplo claro de cómo la narrativa del realismo social de los 50 está agotándose: comienzan, pues, nuevas inquietudes literarias que se reflejan en las técnicas y las formas. Me gustaría mencionar en este punto a otra autora, Carmen Martín Gaite, con su novela El cuarto de atrás (1975) por ser una obra donde se percibe también esa experimentación de nuevas formas (mezcla de géneros, digresiones, pensamientos atropellados, intertextualidad…).
            Esta última etapa de la autora puede resumirse como un mundo de «niñas malas-buenas y de buenos-malos muchachos, víctimas-verdugos de los adultos, que llevan dentro de sí todos los mundos del mundo. Son personajes intrínsecamente complejos […]»[4].
            Se trata, pues, de una colección de cuentos donde se propone una visión dual de los niños. Estos sufren experiencias traumatizantes que trastocan su bondad natural transformándolos en  seres crueles. Así, la voz narradora muestra dos facetas opuestas:           
            «se encarga de mostrar su culpabilidad e inocencia a la vez desde una única voz que se duplica, inventando máscaras y encubrimientos. Esto lo consigue con el juego enunciador más complejo que ha dado la mejor literatura de Rulfo o Cortázar, que consiste en hacer de un único narrador un narrador doble…»[5].
            Finalmente, quiero destacar que, tras la publicación de El río en 1975, se produce esa sequía productiva de la autora de la que ya hemos hablado. Ana María Matute enmudece durante un par de décadas y resurge con una obra deliciosa, Olvidado rey Gudú (1996), una fábula épica que desborda fantasía e imaginación. Si miramos con perspectiva la trayectoria literaria de Ana María Matute, advertimos cómo esa fantasía está presente en gran parte de sus obras. De hecho, la autora decía así en una entrevista publicada en la revista Leer:
            «Pero hablando de rea­lismo y reali­dad, la lla­mada fan­ta­sía lo único que hace es enri­que­cer la reali­dad, por­que para mí la fan­ta­sía o la magia (pre­fiero decir lite­ra­tura mágica a lite­ra­tura fan­tás­tica, por­que se aviene más a lo que yo hago) es una parte de la reali­dad por­que es mi reali­dad. No es antagónico»[6].
            Con esta entrada concluyo el recorrido por la producción literaria de Ana María Matute. ¡Espero que la hayáis disfrutado!
Claudia Cerrajería Jiménez


BIBLIOGRAFÍA:
·   Palmero, F. (2014). “En el universo mágico de Ana María Matute”. Leer. Recuperado de http://revistaleer.com/2014/06/en-el-universo-magico-de-ana-maria-matute/
·          Redondo Goicoechea, A. (2000). “La narrativa de Ana María Matute”. En Villalba Álvarez, M. (Coor.), Mujeres novelistas en el panorama literario del siglo XX. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha.





[1] Redondo Goicoechea, A. (2000). “La narrativa de Ana María Matute”. En Villalba Álvarez, M. (Coor.), Mujeres novelistas en el panorama literario del siglo XX. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, p. 58
[2] Redondo Goicoechea, A. (2000), p. 58
[3] Redondo Goicoechea, A. (2000), p. 60
[4] Redondo Goicoechea, A. (2000), p. 61
[5] Redondo Goicoechea, A. (2000), p. 62
[6] Palmero, F. (2014). “En el universo mágico de Ana María Matute”. Leer. Recuperado de http://revistaleer.com/2014/06/en-el-universo-magico-de-ana-maria-matute/

Comentarios

Entradas populares de este blog

MARÍA TERESA LEÓN, LAS PEREGRINACIONES DE TERESA

6. MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA: ANÁLISIS DE CANCIÓN DE CUNA

CARMEN LAFORET, LA ESCRITORA ENDEMONIADA